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A un mes de la desaparición del compañero Jorge Julio López, las amenazas son la constante de cada hora, de cada minuto, de cada segundo en una Argentina que, una vez más, es condicionada por los personeros del horror, de la mayor tragedia que se haya conocido en estas tierras. Y cabe recordar que si bien el terror y el miedo, naturales y humanos, paralizan cualquier intento de reacción frente a las acciones de los nostálgicos del pasado reciente, no tiene mejor respuesta que el sobreponerse a ambos para movilizarse en la búsqueda de la verdad y de la justicia para seguir exigiendo juicio y castigo a los genocidas.
La familia Tula Saborido, Claudia Allegrini, Alicia Bernal, Ariel y María Montes, al igual que Carlos Razzetti, son algunos de los que han sufrido agresiones y amenazas. En algunos casos, en forma directa; en otros, mediante mails intimidatorios o la brutal actuación de una policía brava como la Bonaerense, donde todavía existen numerosos resabios de la dictadura militar a pesar de la reciente purga de 36 efectivos.
Cada uno de estos hechos debe ser esclarecido y sus responsables deben estar a disposición de la Justicia. Sin embargo, aún hoy, todavía no se advierten señales claras al respecto salvo, claro está, de la agresión contra Ariel y María Montes en la Comisaría de Mármol. Menos aún, podemos decir del resto de los hechos que todavía siguen en las sombras de una instrucción judicial que no encuentra respuestas y de un Estado que se ve sobrepasado para cumplir con sus obligaciones de proteger a aquellos que siguen brindando testimonio sobre lo acontecido durante el período 1976 - 1983.
Por otro lado, entre la apología de Bignone y la osadía de Astiz, nos encontramos con una insoslayable impunidad de los personeros de la dictadura, cuyo destino deberían ser las rejas de una cárcel común en lugar de usufructuar los beneficios de una jubilación como Presidente de la Nación o de una salida con fines médicos, ésta última totalmente desvirtuada con la realización de reuniones en el Hospital Naval "Pedro Mallo" de la Ciudad de Buenos Aires.
Hoy, solamente debemos reafirmar nuestra exigencia de memoria, verdad y justicia como el mejor homenaje a los compañeros y compañeras que sufren y sufrieron las inclemencias de una dictadura militar que, paradójicamente, vuelve a intentar empañar la democracia y a condicionar fuertemente al Estado de Derecho. La movilización popular es el mejor instrumento para ello, para seguir ejerciendo nuestro derecho a peticionar a las autoridades, según el art. 14 de nuestra Constitución Nacional, con el fin de hacer cesar su actividad a quienes tuvieron la osadía de ser amos y señores de la vida y de los bienes de miles de argentinos y de argentinas.
Es hora de acompañar, de compartir el sufrimiento con quienes hoy ven peligrar sus vidas porque, sin dudas, también estamos amenazados. No hace falta un mail o un llamado telefónico intimidatorio, basta con que estos personajes nefastos sigan en las calles en lugar de estar en una jaula. Pero está en manos de todos y de todas, que la protección de las vidas y bienes, propios y ajenos, sea una realidad tangible y no, tan sólo, una mera ilusión.
Es hora de marchar por la vida, por la memoria, por la verdad y por la justicia que, aún siendo humana, nos puede brindar la oportunidad de vivir para construir otra Argentina para todos y para todas.
Prof. Juan Carlos Sánchez Cs. Jurídicas, Políticas y Sociales (I. S. P. "Dr. Joaquín V. González")
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